Runner

Descubre qué te bloquea y mejora así tu desarrollo y aprendizaje

"¿Salimos a correr por la playa?"


Hace escasos 2 años mi respuesta hubiera sido "-¡Mmmmm mejor no, correr no es lo mío, vete tú!". A día de hoy me gusta salir a correr y además he aprendido un buena lección por el camino. 


Ya hace un par de años que empecé a correr en serio y lo cierto es que me costó bastante conseguirlo. Durante varios años lo intenté pero siempre terminaba frustrada y me acababa convenciendo de que simplemente correr no era para mi. Me ponía excusas y me convencía de que no podía hacerlo.


Cuando nos proponemos un desafío y sentimos que algo dentro de nosotros nos bloquea es importante que nos paremos a analizarlo, para que cuando se vuelva a repetir esa situación tengamos recursos que nos ayuden a avanzar. Por eso decidí averiguar qué es lo que me había bloqueado durante tanto tiempo. ¿Por qué no conseguía correr antes y sin embargo ahora sí?


Como ya dije durante varios años hacía varios intentos de salir a correr (algo como 2-3 veces al año) que siempre terminaban mal. Tenía ganas de hacer deporte y me entusiasmaba la idea de poder cuidarme disfrutando de la naturaleza, así que por mi cabeza siempre rondaba la idea de volver a intentarlo. Esa motivación es la responsable de que nunca me rindiera. ¿Pero que ocurrió para que hace dos años cada semana consiguiera aguantar más y más minutos?


Me di cuenta de que cuando corría sentía vergüenza cada vez que me cruzaba con alguien que iba más rápido que yo, o pensaba que la gente que se cruzaba conmigo se reiría de mi trote cochinero y mi cara de sufrimiento. Si iba acompañada también sentía vergüenza por no poder aguantar el ritmo. Entonces hacía cosas graciosas como evitar zonas con gente, correr más rápido cuando pasaba otro corredor, corregir mi estilo para parecer más diva o me esforzaba mucho para aguantar el ritmo de mi acompañante. Todo eso me generaba un sobreesfuerzo, que desembocaba en un mayor agotamiento, de modo que en vez de aguantar 3 minutos seguidos pasaba a aguantar 1 minuto. Eso me llevaba de nuevo a la frustración de creer que correr no era para mi. 


Descubrí que lo que me limitaba no era algo físico, simplemente era vergüenza. 


La sensación que genera la vergüenza no es agradable, simplemente quieres irte a casa y sentirte cómodo. Esto nos hace evitar este tipo de situaciones a toda costa. a pesar de que en ocasiones son momentos que necesariamente tenemos que afrontar, como ocurre en el trabajo.


La inseguridad que nos crea no saber si podemos conseguir un objetivo, la idiotez de compararte con los demás y creerte un impostor porque a tu alrededor todo el mundo ya sabe hacer algo son pensamientos que nos bloquean sin dejarnos avanzar.


Además la vergüenza es un sentimiento que se oculta, porque la propia vergüenza genera más vergüenza. No encontrarás a un colega que te diga que no sale a correr porque le da vergüenza. Igual que tampoco te dirá que evita determinadas tareas y situaciones porque siente vergüenza a parecer incompetente. ¿A que te suena eso de evitar hacer determinadas tareas que desconoces en el trabajo? ¿Alguna vez te has quedado sin preguntar algo por miedo a que se supiera que no sabías algo que se suponía que deberías saber? ¿O seguro que en algún momento has hecho parecer que ya sabías sobre un tema aunque no tenías ni idea? La vergüenza nos hace tener una conducta que no nos deja aprender y desarrollarnos. 


¿Quieres saber cómo conseguí correr y deshacerme de esos pensamientos?


Ahora no me importa correr más lento que una abuela con bastón o aguantar tan solo un minuto. Todo el foco de mi atención se centra en una sola cosa: mi objetivo de cada sesión. Tracé un plan para cada semana y cada sesión de entrenamiento. Al inicio de cada sesión mi concentración estaba en mi objetivo de ese día. A partir de este momento es cuando empecé a conseguir cada meta que me proponía, así hasta conseguir correr media hora a un buen ritmo. Cuando te centras en tus objetivos y logras superarte, desaparecen esos pensamientos  y es cuando puedes aprender cosas nuevas, mejorar en lo que ya sabes y rendir como nunca.


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